La Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) define el acoso escolar como «cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico, social y/o virtual entre escolares, ejercido de forma reiterada a lo largo del tiempo, tanto en el aula como en otros espacios del centro educativo o a través de redes sociales.»

Las consecuencias psicológicas del acoso pueden extenderse durante años e incluso persistir en la vida adulta. Muchos adultos que lo han sufrido en su infancia o adolescencia arrastran secuelas como inseguridad, baja autoestima y dificultades en la interacción social, lo que afecta de forma significativa su bienestar emocional y sus relaciones.

En la actualidad, las redes sociales han amplificado el impacto del acoso escolar. El menor ya no lo padece únicamente en el entorno académico, sino también en el hogar, a través del ciberacoso (cyberbullying), que se manifiesta mediante mensajes, publicaciones, correos electrónicos y otras formas de hostigamiento digital.

Frente a esta realidad, la terapia asistida con caballos se ha consolidado como una herramienta terapéutica eficaz, tanto para la intervención como para la detección de situaciones de acoso escolar. En un entorno seguro, este tipo de terapia permite observar las dinámicas conductuales del menor, facilitando la identificación de posibles factores de riesgo o conflictos en el grupo.

Diagnóstico diferencial

En algunos casos —aunque no son los más frecuentes—, los padres acuden a terapia convencidos de que su hijo es víctima de acoso, cuando en realidad el menor está siendo excluido por su grupo debido a comportamientos disruptivos, como una actitud excesivamente competitiva o la dificultad para respetar las opiniones de los demás. Para estos casos, existe un ejercicio terapéutico pie a tierra (es decir, sin montar al caballo), que permite diferenciar con claridad si se trata de una víctima de acoso o de un problema relacional de otra naturaleza. Esta evaluación puede realizarse incluso en una sola sesión.

Empoderamiento emocional a través del vínculo con el caballo

Uno de los aspectos más potentes de esta terapia es que permite crear anclajes emocionales positivos, donde el paciente vive una experiencia de empoderamiento al interactuar con un animal que inicialmente le genera temor. Esta interacción se desarrolla sin recurrir a la fuerza, sino cultivando una actitud asertiva: aprender a poner límites, a hacerse respetar y a encontrar el equilibrio emocional.

De este modo, el niño o joven descubre que sí es capaz de posicionarse, lo que le ayuda a salir del estado de indefensión aprendida en el que se encuentran muchos menores, víctimas de acoso. Este estado, caracterizado por la pasividad y la sensación de no tener salida, es uno de los mayores obstáculos para superar una situación de acoso escolar.

Un caso real

Un caso que ilustra la eficacia de esta terapia es el de una niña de 7 años. Sus padres acudieron a nuestro centro preocupados porque su hija no reaccionaba ante las agresiones de otros niños. La alarma se activó cuando presenciaron cómo una compañera le golpeaba la pierna con una piedra y la niña permanecía inmóvil, sin defenderse ni pedir ayuda.

Solo unos días después de la primera sesión de terapia con caballos, los padres nos escribieron para contarnos que habían observado un cambio notable: su hija se había defendido de forma firme durante una discusión con su hermano. Por primera vez, mostraba una actitud de protección hacia sí misma. Quedaron profundamente impactados por la eficacia de la intervención.

También es posible trabajar con el agresor

La terapia asistida con caballos no solo beneficia a la víctima: también es una herramienta transformadora para trabajar con quienes ejercen el acoso. El caballo, como animal presa, posee una sensibilidad muy fina para leer el estado emocional de las personas. Detecta el miedo, la tensión, la agresividad o la calma, porque su supervivencia depende de ello.

Cuando una persona se acerca con un comportamiento agresivo o una energía desbordada, el caballo no conecta con ella. Esta desconexión emocional se convierte en una oportunidad terapéutica: desde ahí es posible guiar al menor hacia formas más sanas de vincularse, fomentando la empatía, la autorregulación emocional y el respeto mutuo.

Un enfoque eficaz y con resultados tangibles

Existen numerosos ejercicios diseñados específicamente para abordar el acoso escolar en el marco de la terapia asistida con caballos. Nuestra experiencia clínica ha demostrado que su nivel de eficacia es notable, tanto en la mejora del bienestar emocional como en la transformación de las dinámicas sociales del menor.

La conexión con el caballo, en un entorno respetuoso y cuidado, permite a los niños y jóvenes reconstruir su autoestima, desarrollar habilidades sociales y romper con patrones de indefensión. Es un camino poderoso, natural y profundamente humano para sanar y crecer.

Marta Diez Ruiz de los Paños

31 mayo 2025

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